Donde existe comparación de lo que somos aquí y ahora con lo que queremos llegar a ser más tarde, donde existe comparación de nuestra vida práctica con el ideal o modelo al cual queremos acomodarnos, no puede existir verdadero amor. Toda comparación es abominable, toda comparación trae miedo, envidia, orgullo, etc. Miedo de no lograr lo que queremos, envidia por el progreso ajeno, orgullo porque nos creemos superiores a los demás. Lo importante en la vida práctica en que vivimos, ya seamos feos, envidiosos, egoístas, codiciosos, etc., es no presumir de santos, partir de cero absoluto, y comprendernos así mismos profundamente, tal como somos y no como queremos llegar a ser o como presumimos ser.