Todo imaginaba el poeta menos un insulto. Grande fue su sorpresa cuando el santo con mirada piadosa y ceño fruncido cerró la puerta diciendo al infeliz poeta: "fuera de aquí amigo, largo, largo... a mi no me gustan éstas cosas, aborrezco la lisonja... no me gustan las vanidades del mundo, ésta vida es ilusión... yo sigo la senda de la humildad y de la modestia. El infeliz poeta que sólo deseaba una moneda en vez de ésta recibió el insulto del santo, la palabra que hiere, la bofetada, y con el corazón adolorido y la lira vuelta pedazos se fue por las calles de la ciudad despacito... despacito... despacito.