Con sumo interés vemos que los agrónomos que tienen a su cargo el conocimiento de las plantas que sirven al hombre, enseñan a los campesinos a guardar respeto por la semilla que riegan en los campos, vemos que han mejorado la calidad de las simientes para producir mejores cosechas, guardando en grandes silos las existencias de cereales, para que no se pierdan las semillas que con tanto empeño produjeron. Vemos como los veterinarios, a cuyo cargo está el manejo de la vida de los animales, han logrado producir reproductores o sementales cuyo costo es cien veces mayor al producto de la carne, lo cual indica que es la simiente que producen, el motivo de tan elevado costo. Sólo la medicina oficial, a cuyo cuidado está la especie humana, nada nos dice sobre la mejora de la simiente; nosotros lamentamos positivamente esta demora e informamos a nuestros lectores que la simiente humana es la más fácil de mejorar, mediante el uso permanente de tres alimentos básicos: por medio de lo que pensamos, lo que respiramos y lo que comemos. Si solo pensamos en vaguedades, en cosas insulsas, sin importancia así será la simiente que producimos porque el pensamiento es determinante para dicha producción. El joven que estudia difiere del que no recibe educación en aspecto y presencia, hay cambio en la personalidad; El hecho de respirar cervezas digeridas en los bares y cantinas, determina sobre la vida de los parroquianos que frecuentan esos lugares: Las gentes que se alimentan de pasteles, cerdo, cerveza, picantes, alcohol y alimentos afrodisíacos, viven una vida pasionaria que los conduce a la fornicación. Todo animal fornicario es hediondo: burros, cerdos, cabros y hasta las aves de corral a pesar de ser aves, como lo es el gallo casero. Fácilmente se puede apreciar la diferencia que existe entre los fornicarios y los que el hombre hace castos a la fuerza para explotarlos, obsérvese las gónadas del caballo de carrera a la de los caballos de carga, entre los toros de lidia y los sementales que se usan para la reproducción. El animal fornicario exhala un olor repugnante, igual cosa pasa en el varón fornicario que cubre su pestilencia con desodorantes y perfumes. Cuando el hombre se hace casto, puro y santo, en pensamiento, palabra y obra, recupera la infancia perdida, se embellece en cuerpo y alma y su cuerpo no transpira fetidez.